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18º Año - 5ª Época - 22/12/2014
LA REINA LUPA Y SANTIAGO

Señora del Finisterrae

Torres

Protegida por la oscuridad de la noche, una barca sin timón tripulada por cuatro hombres se acercaba a las costas de Galicia. La embarcación se guiaba sola hacia la entrada de una ría, donde escogió su parada en una pequeña playa. Los hombres saltaron a tierra, amarraron la barca, y sacaron de ella un cuerpo sin vida envuelto en una blanca sábana: el Apóstol Sant-Iago.

En busca de un lugar adecuado para darle noble sepultura al discípulo de Cristo, dos de los hombres divisaron a lo lejos un magnífico castillo. Hacia allí se encaminaron y, al llegar, pidieron audiencia al señor de la fortificación.

Los siervos de Sant-Iago fueron conducidos ante la Reina Lupa, céltica señora de las tierras del Fin del Mundo que, aunque al principio se interesó por la historia de los cristianos, los mandó encarcelar a causa de su soberbia.

Por la noche, al estar los encadenados cristianos pidiendo ayuda a su Dios, un resplandor luminoso y estrellado abrió milagrosamente las puertas de la prisión y los presos pudieron escapar.

Ponte

Dándose cuenta los del castillo de la fuga nocturna, éstos corrieron a su captura. Cuando los soldados de la Reina Lupa pasaban por un puente, su estructura se hundió matando las piedras y la corriente a todos los perseguidores.

Los cristianos volvieron entonces a la presencia de Lupa advirtiéndola del poder de su Dios :

- Va a ser mejor para ti que nos ayudes. Necesitamos un carro y una pareja de bueyes para llevar a nuestro Señor Sant-Iago.

La testaruda Reina Lupa se burló otra vez de ellos dándoles una pareja de toros salvajes en lugar de los bueyes, pero la sorpresa fue general al observar cómo los toros se dejaban unir mansamente bajo el yugo.

Se dice que, desde entonces, admirada de tantos milagros, la Reina Lupa se convirtió al cristianismo y mandó derribar los lugares célticos de culto como el Ara Solis.

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