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Mi
nombre es Apostolos Mangouras, ciudadano griego y en extensión
europeo, soy el último capitán del que desgraciadamente
yace en el fondo del océano Prestige.
Ante
todo deseo pedir disculpas a todos aquellos que se ven
afectados o perjudicados por la catástrofe. Sin
embargo quiero poner en su conocimiento que ofrecí
lo mas preciado que tiene una persona -que es su propia
vida- permaneciendo a bordo de mi barco (gravemente herido)
tratando con todas mi fuerzas de evitar dicha catástrofe.
He
nacido en una pequeña isla del Mar Egeo, llamada
Icaria, en mi casa paterna abrazada por las olas a escasos
cien metros de la playa. Provengo de una familia de tradición
marinera, y amo al mar tanto como a mi propia vida, de
hecho mi piel está impregnada de salitre.
Llevo
44 años en servicio activo de los cuales 32 como
capitán, exclusivamente al mando de petroleros
de desplazamiento de desde 60.000 hasta 450.000 toneladas.
Mi largo servicio como marino me ha dotado de mucha experiencia
sobre las artes del mar, soy una persona muy responsable,
y tomo las decisiones después de madurarlas en
mi mente y no de manera superflua.
Actualmente
resido en Atenas, mi fortuna personal se compone de un
apartamento, y el 70% de un automóvil compartido
con mi hija, cualquiera que tenga dudas sobre esto le
invito desde aquí a que investigue. El fruto del
trabajo a lo largo de mi vida, está invertido en
la educación y en facilitarle un futuro a mis hijos,
como cualquier padre, y una vez cumplido esto retirarme
de lo que a lo largo de mi vida fue mi gran amor, EL MAR,
con recuerdos felices, y no con la amargura y el dolor
que siento ahora.
Pasé
las fiestas navideñas (tan entrañables para
la familia) encerrado en una celda de una cárcel,
en un país donde no conocía a nadie, y lejos
de mis seres queridos, que son mi familia, con un estigma
que me acompañará durante toda mi vida tanto
a mí como a mi familia.
Este
estigma que mancha y pone en tela de juicio mi capacidad
profesional y sentido de responsabilidad. Deseo a quienes
son los responsables de mi situación actual, que
NUNCA tengan la ocasión de sentir el dolor, la
impotencia, y la soledad que yo he sufrido y sufro durante
todo este desgraciado proceso.
Mi
intención al redactar esta carta no es la de provocar
la compasión, el motivo por el cual escribo es
mi profundo deseo de agradecer desde el fondo de mi corazón,
el apoyo y el interés (desinteresado) que me han
brindado, el afecto, el calor, y la humanidad que me han
ofrecido y me ofrecen, el maravilloso pueblo de la región
gallega, los marinos de toda clase y rango, la unión
de los capitanes de la Marina Mercante, la unión
de los maquinistas de la Marina Mercante de Galicia, la
unión de los capitanes de la Marina Mercante Vascos,
la unión de los capitanes de la Marina Mercante
de Francia, los pescadores de la unión Aetinape,
profesores, profesoras y alumnos de la Escuela de la Marina
Mercante de A Coruña, la Federación Internacional
de los trabajadores del Transporte (ITF) la profesora
Teresa de Santiago, la profesora de Ing. Naval, Blanca
Parga de Madrid, el señor Romero Fernández.
A todos quienes me han escrito cartas de ánimo
y me han felicitado las Pascuas (les devuelvo las felicitaciones),
los que me enviaron telegramas, la prensa, los redactores,
los comentaristas que me han apoyado con sus escritos,
y los que piden mi liberación.
Mi
agradecimiento va también para el departamento
de la policía de A Coruña, que durante el
primer interrogatorio, el comportamiento de sus agentes
fue impecable, (aunque por las circunstancias, de nerviosismo
y cansancio, el mío no lo fue) , para los policías
que me custodiaron durante los traslados de la cárcel
para A Coruña y Corcubión, por su alto nivel
de humanidad.
También
quiero dar las gracias a los internos y guardias de los
módulos 4 y 11 de la Penitenciaria de Teixeiro,
por el apoyo y el calor que me rodearon en los momentos
más difíciles de mi aislamiento y soledad,
consiguiendo levantar mi moral y mi humillada dignidad
como ser humano.
Mi
única queja y a la vez mi única pregunta
es que, si no soy ladrón, ni un asesino, ni un
narcotraficante, ni un terrorista, en fin, que no he cometido
ningún crimen (sencillamente soy un náufrago,
y la palabra tiene mucho significado para los que peleamos
con el mar), entonces, ¿por qué estoy encarcelado?
Además pregunto a los que entienden de leyes ¿no
es justo que la fianza sea proporcional a las posibilidades
económicas del presunto infractor para conseguir
la libertad condicional?
Estoy
preso desde el día 15 de noviembre de 2002, algo
que considero injusto, no obstante creo en la justicia
de este país, calido, noble y hospitalario, que
conoce más que ningún otro el significado
de la libertad, pero sobre todo creo en el alto sentido
de justicia de este pueblo que sabe que tengo la razón,
y si la tengo me la darán devolviéndome
mi libertad, lo antes posible
Aquí
puedes
enviar y hacer pública tu mensaje de apoyo o manifestar
tu opinión sobre esta catástrofe; también
puedes
consultar
as mensaxes recibidas.
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