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23º Año - 5ª Época - 18/09/2019
60 HOMBRES. DOCUMENTO DE GUERRA (O Talieiro, 2001)

Por: Victor Rodríguez

Mucha gente de Malpica, sobre todo los más viejos, conocen esta historia. Yo supe de ella cuando tenía poco más de ocho años y, desde el primer momento me fascinó. Los protagonistas directos son casi sesenta hombres, pero en realidad es todo el pueblo de Malpica quien la vivió de una o de otra manera. En aquellos tiempos de antes de la guerra, el trabajo de los marineros se extendía de abril a octubre. En los meses de invierno la desprotección del puerto hacía imposible que los barcos salieran pescar. Para hacerse escuchar delante de los poderes públicos, los marineros decidieron formar un sindicato. El objetivo era reclamar la construcción de un puerto en el que poder refugiarse en caso de mal tiempo. Detrás de este sindicato apenas existía una motivación política. Sólo querían un poco de seguridad en su trabajo. La Guerra Civil frena el desarrollo del puerto. Los marineros más implicados con el sindicato, que veían lo que ocurría en otros lugares con aquellos que habían colaborado con la República, decidieron escapar de la guerra y del régimen fascista. Luís Rodríguez Villar nació en Malpica el 6 de abril de 1908, y años después volvería a nacer el 5 de mayo de 1945, en Mauthausen.

Tendría yo unos ocho años en 1978, cuando Luís Rodríguez Villar, Luís da Rogita, regresó definitivamente a Malpica. Llevaba en Francia desde que el trece de agosto de 1938 escapase de la guerra, junto con otros 26 hombres, a bordo del San Adrián, con su motor Líster de 20 cv. Casi un mes después, el 31 de agosto, marchó A Rocío con otros 29 hombres. Y un año antes, el 28 de junio de 1937, habían marchado ya 11 hombres a bordo del Montevideo, una motora de 12 metros de eslora y un motor Badwin de 20 cv. Benigno Novo, quien marchó también en el San Adrián, recuerda perfectamente aquellos días de la Guerra Civil. Este y su relato: Yo marché porque quise, pero otros marcharon porque si los cogían, los mataban. El día de marchar encontré en la muralla a Luís, que era mi amigo, y que fue quien me dijo que se iban a marchar para Francia esa misma noche. Yo le dije que también quería ir... y así fue como yo también me uní a ellos.

El patrono era, Francisco de Rosa. Con nosotros iban Francisco Lado, que había sido secretario del sindicato de marineros en los tiempos de la República y también Cándido Chouciño, Carrillo y también Bernardino Garrido, Xudío, miembros activos del mismo sindicato. Ellos llevaban dos años escondidos en una casa de la playa, en la de la tía María da Megía, esperando el momento de poder escapar. Seguramente si los hubieran cogido, los mataban por ser del sindicato republicano. Salimos de O Tallo, como si fuéramos pescar cualquier otro día, y fuimos cara fuera de la Isla. Allí dejamos la red del barco a bordo de la lancha y seguimos cara norte. Cincuenta y seis horas después estábamos en el Fisterra francés. El viaje no fue fácil. El motor era de sólo 20 cv. A borde íbamos 26 hombres, sin comida y, como no podíamos costear, porque nos buscaban las lanchas de la Marina, teníamos que navegar a brújula. Primero a norte y después cara este. Daba igual que habíamos llegado a Francia que la Inglaterra. El caso era marchar de Franco. Case al final del viaje, la altura del faro de Brest, cogimos un temporal que por poco nos echa a pique, pero pudimos llegar al puerto de Audierne. Allí nos esperaba la gendarmería francesa, que no nos dejó salir del puerto. Nos dieron ropa para cambiarnos y un poco de comida, pero nos obligaron a marchar de Francia. Hacia la zona de Franco o a Barcelona, en la zona republicana. Escogimos todos ir a Barcelona. A mí, a Vitorino de Leandro e a Jesús do Rapetón nos mandaron al frente, a los Pirineos, porque éramos muy jóvenes y no teníamos el título de patrono para quedar de carabineros de mar en el puerto de Barcelona.


Cuando los nacionales tomaron Barcelona, buscamos refugio en Francia, y allí nos internaron en el campo de refugiados de Argeles-Sur-Mer, que no era más que un campo de concentración. Una playa rodeada de una alambrada en la que casi no nos daban de comer y no había donde refugiarse de la lluvia ni del frío. Allí estuvimos varios meses, hasta casi el comienzo de la Guerra Mundial. En Argelés-Sur-Mer estuvieron concentradas más de 75.000 personas. Para resguardarse del frío y de la lluvia se juntaban en grupos, hacían un agujero en la arena, se desnudaban, usaban una manta para cubrirse, y tapaban las ropas con sus propios cuerpos.

Cuando nos soltaron, nos dieron tres posibilidades, la de alistarse en la legión extranjera e ir pelear contra los alemanes, volver a España, que era el mismo que decir ir a la cárcel, o, si tenías cuartos, marchar a América. Yo había salido de Malpica con dieciocho años para escapar de la guerra y estuve a punto de morir ahogado. Después me mandaron al frente de Teruel, de donde también salí vivo para que me mandaran a un campo de internamiento, que era estar poco menos que preso. Ya había tenido guerra de sobras y no quería meterme en otra. Y entre el campo de Francia y la cárcel de Franco no debía haber mucha diferencia. Así que volví.

De Francia a la cárcel de Irún, de allí me mandaron a la cárcel provincial de Burgos, después me pasaron para la de Miranda del Ebro y de allí para el de A Coruña. Los que se quedaron en Francia fueron a la guerra. Ese fue el caso de Luís da Rogita, el de Antonio Suárez Blanco, Coruña, y el de Antonio Fariña Chouciño, Fariña. Los tres fueron hechos prisioneros casi al comienzo de la guerra, y deportados por los nazis al campo de concentración de Mauthausen.

En este tristemente célebre campo pasaron la mayor parte de la guerra Antonio Suárez, Coruña, que era el patrono del Montevideo, estuvo retenido en Mauthausen con el número 48281. El 24 de enero de 1941 le grabaron Luís da Rogita el número 4154 KLM en su brazo izquierdo; en su ropa uno triángulo rojo con una S lo identificaba como prisionero político español.

Luís se dedicó a trabajar en las canteras, canteras con las que iba a soñar hasta su muerte. Liberado por las tropas americanas el 5 de mayo de 1945, medía un metro sesenta y pesaba 35 kilos, el día de su segundo nacimiento; continuó viviendo en Francia allí rehizo su vida hasta que en el año 1978, en el mes de agosto, regresa definitivamente a Malpica donde pasaría los últimos años de su vida, acontecida en 1987. Coruña también fue liberado por las tropas americanas el 5 de mayo de 1945, volvió a Malpica un tiempo después.

Antonio Fariña, nº 4082, no tuvo la misma suerte. Fue fechado en ese campo el 24 de agosto de 1940, y trasladado al de Gusen en febrero de 1941. Allí murió tres meses después.

Un tercer grupo de marineros pudieron marchar a América, como José Castro, "Gelaso", Bernardino Chouciño, "Xudío", o Ramón Arcay, "Ramón de Antonia", lograron marchar rumbo a América, a donde llegaron una vez terminada la guerra española. Allí se establecieron en diferentes puertos de la costa del Pacífico, muy especialmente en los peruanos de Ilo y Chimbote. Y así comenzó la historia de los malpicáns en Chimbote... Y en Chile, Ramón Rojo, que había huido en el Rocío junto con José Novo y Rogelio Villar, habían sido algunos de los que consiguieron llegar a Chile a bordo del Winnipeg, y allí mantienen la residencia.

Los que volvieron, tras cumplir condena en diferentes cárceles, volvieron a instalarse con sus familias en Malpica y continuaron con su vida en el mar.
Ahora tenían que prepararse para otra lucha, la batalla del hambre y de las
miserias de la guerra iba a salir a la superficie...


O TALIEIRO, Revista Cultural da A. C. TRALLA
Ano 2001, número 1
 

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