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21º Año - 5ª Época - 23/08/2017
RAQUEIROS
La respuesta

Por: Miguel San Claudio Santa Cruz (arqueólogo)

Naufragio

Los buques no necesitan una razón extraña para perderse, la sarta de historias referentes a la actividad de naufragadores, si es que debiéramos encontrar un término para definirlos, en las costas gallegas, no son más que infundios sin la menor base, histórica, o de sentido común.

La reciente teoría de paranoicas conspiraciones internacionales para hundir determinados barcos en nuestras costas no se sostiene bajo ningún punto de vista, se mire como se mire. Lo que siempre existió, existe y seguirá existiendo es el aprovechamiento de los objetos que el mar arroja a la costa, objeto único de los raqueros, junto a incursiones esporádicas a los buques abandonados. Además de despojar cadáveres de sus ya, aunque sólo para ellos, inútiles pertenencias.

Y es que no existe el menor documento que apoye la teoría conspiracionista. La pérdida de un buque es seguida por una investigación en la que se analizan las causas del naufragio, al capitán se le somete a una encuesta, así como a sus oficiales y tripulantes. Esta encuesta puede conducir a un juicio si se aprecian hechos que puedan ser constitutivos de delito. Si en algún caso existiera algún tipo de iniciativa por parte de los habitantes de la costa para provocar el naufragio de embarcaciones, hubiera salido a la luz, y en ese caso la prensa, los parlamentos español y extranjeros, las compañías aseguradoras, los gobiernos y cualquier otra instancia implicada, señalarían a los habitantes de la costa gallega como asesinos y se habrían tomado las medidas oportunas.

No comprendemos el motivo por el que ciertos autores están intentando convertir en criminales a personas ni peores ni mejores que los de cualquier otro lugar, pero que cuando hubo necesidad de salir al mar a rescatar tripulantes de buques en peligro, o de recoger cadáveres por la playa y darles sepultura, estaban ahí. Y así lo reconocieron la prensa, los parlamentos de la época, las compañías aseguradoras, los gobiernos y hasta la Sociedad de Salvamento de Náufragos mediante menciones, premios y recompensas. Sobre todo lo reconocieron los propios náufragos, quienes en ningún caso de los más de 700 buques documentados perdidos en Galicia han hecho mención a semejante circunstancia.

Desconozco el motivo para lanzar infundios de tal calibre pero es lamentable, ya que provoca pérdida de tiempo tanto su lectura, como su refutación como es el caso.

No deja de resultar curioso que en la mayoría de los naufragios dados como provocados, hubiera supervivientes que en ningún caso han achacado la pérdida de sus buques a luces, vacas, ni "rabos de pasa". Ni tan siquiera los capitanes al mando de buques perdidos buscaron la disculpa fácil de arrastrar por el fango el nombre de aquellas personas que tanto dieron por asegurar su vida y bienestar.

Es hora de exigir las pruebas que llevan a algunos a afirmar que parte de los naufragios producidos en Galicia en años tan cercanos a nuestro tiempo los provocaron gentes sin escrúpulos, habitantes y parientes de los actuales vecinos de la costa gallega.

Frente a la invención de una mentira que cada vez más vemos publicada en distintos medios, o ciertos libros absurdos, deberíamos divulgar la visión generosa de los habitantes de la costa gallega, reaccionando en masa para socorrer a unas personas que, a parte de haber naufragado en sus costas, ninguna otra vinculación los unía a esta tierra.

Hay que demostrar

Hay que demostrar No querría dejar de señalar, para intentar desterrar estas ideas pseudohistóricas que amenazan con popularizarse, la necesidad de hacer un ejercicio de imaginación extraordinario para dar crédito a los sistemas de naufragio provocado por los supuestos naufragadores. Así, el que afirme que subido a una peña de la costa, tocando una campana, puede provocar la pérdida de un buque, o vive más allá de la lógica o, cosa más probable, toma por tontos a sus posibles lectores.

Nada demuestra hasta hoy la existencia en Galicia de tan siniestras prácticas que, de haber existido, habrían dejado algún rastro documental. Nadie hasta ahora ha sido capaz de sacarlo a la luz, con lo cual el planteamiento de los naufragios provocados no alcanza de ningún modo el carácter de hecho cierto que algunos pretenden otorgarle.

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